Sobre el aislamiento acústico en salas de máquinas

Las instalaciones situadas en salas de máquinas, debemos considerar por norma general que dado su mayor nivel sonoro, no solo debemos tener en cuenta las transmisiones directas mediante los elementos separadores, si no también las indirectas a través de los elementos estructurales. Pensemos por servirnos de un ejemplo en un grupo de presión colocado en un recinto bajo viviendas, si aislamos a la perfección su techo y las paredes delimitadoras por su parte interior pero no tomamos ninguna cautela con su apoyo en el suelo (solera o bien forjado), a través de este se generan transmisiones que pasan a los muros y de estos al forjado superior (suelo de las residencias), con lo que estas reciben inmisiones sonoras superiores a lo que aparentemente deberían recibir.

Una buena solución seria colocar un suelo flotante, mas como es evidente, la maquinaria no podemos apoyarla sobre él, con lo que deberemos aislarla del suelo resistente a través de amortiguadores (muelles de acero, materiales elásticos: caucho, neopreno, poliuretano, fibra de vidrio precomprimida en un receptáculo de neopreno…); en el caso de máquinas que produzcan vibraciones considerables, van a deber colocarse sobre bancadas de inercia (losetas de hormigón armado por ejemplo) con un peso comprendido entre 1’5 y dos veces el de la maquinaria, y apoyando el conjunto sobre amortiguadores. Como es obvio, el aislamiento deberá extenderse a los muros perimetrales, separándose la maquinaria de los mismos, y en caso de que esto fuera imposible, colocando bandas elásticas o dispositivos antivibratorios que impidan las transmisiones.




No debemos perder de vista que si bien la máquina propiamente dicha es la máxima productora de ruido, existen elementos complementarios que aunque en menor medida, asimismo lo son (cuadro de maniobra de un ascensor…), por lo que también se van a deber aislar adecuadamente; además deberemos estimar los elementos conectados con la maquinaria y que se distribuyen por la construcción, colocando dispositivos antivibratorios entre éstos (cañerías por poner un ejemplo) y las máquinas propiamente dichas.

En el caso singular de los ascensores tenemos unos elementos complementarios de gran importancia, las guías; es muy conveniente fijarlas a los forjados y no a los muros de cerramiento del hueco, pues al tener aquéllos más masa que éstos, transmiten menos vibraciones y por tanto menos ruido.

Conforme estudios efectuados por laboratorios de acústica, las instalaciones de elevadores más ruidosas son por norma general las de equipos electromecánicos de una velocidad, seguidas de las de equipos electromecánicos de dos velocidades y finalmente de las oleodinámicas; en cuanto a las puertas, las semiautomáticas son más ruidosas que las automáticas; todo ello basándonos en considerar el nivel de presión sonoro máximo, más apropiado en estos casos, que el progresivo equivalente. Debemos destacar que en esta evaluación se ha empleado el término “generalmente”, puesto que como resulta lógico pueden existir fabricantes cuyos equipos por ser más ruidosos no cumplan con esta clasificación y nos podemos hallar con oleodinámicos que generen niveles sonoros más altos que otros electromecánicos, o bien de 2 velocidades que lo sean más que los de una.

Algo que parece una cosa obvia pero no lo es tanto en la práctica, es que toda maquinaria generalmente ha de estar en perfecto estado de mantenimiento para que su sonoridad sea la mínima, con singular hincapié en el engrasado de sus elementos móviles y la sustitución de las piezas gastadas por el empleo, aunque no comporten un peligro físico.

En cuanto al aislamiento de las salas de máquinas debemos rememorar que el ideal desde determinado punto de vista acústico sería que formase una envolvente interior sin solución de continuidad, esto en la práctica no es siempre fácil, mas debemos aproximarnos el máximo posible; interrumpir el aislamiento de los muros al llegar a los pilares, con el argumento de que la masa del hormigón armado es muy superior a la del propio muro de ladrillo, puede ser aceptable en lo que se refiere a las trasmisiones directas, mas no a las indirectas o estructurales; el aislamiento debe alargarse forrando los pilares, no solamente por lo antedicho, si no porque el natural asentamiento de la obra puede ocasionar una fisura (y por lo tanto una fuga acústica) entre el aislamiento y el pilar.

Desaprovechamos el aislamiento si no tenemos en consideración los cerramientos de los vanos; una puerta sin clasificación puede representar una esencial pérdida, debemos recurrir a puertas acústicas de las existentes en el mercado; un caso singular se presenta cuando precisemos ventanas de ventilación continua, que en el caso de los elevadores dan a las azoteas generalmente, acrecentando su nivel sonoro e incidiendo por lo tanto en la inmisión de las últimas viviendas; en este caso hay que meditar en la posibilidad de ubicar la ventana en el techo, emplear silenciadores, o bien colocar ventanas especiales acústicas.

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